



Blog del Municipio de Tuxpan, Michoacán, información e historia
CONCLUYEN LOS FESTEJOS POR CEL CENTENARIO DEL NATALICIO DE MIGUEL CARRILLO AYALA "PINOCHO" CAPITAN PRIMERO PILOTO AVIADOR
Tuxpan Mich, a 7 de julio de 2008.- Con éxito se llevan a cabo las actividades de la conmemoración del centenario del Capitán Primero Piloto Aviador a quien los tuxpenses recordaron el pasado domingo.
El día comenzó con la inauguración de la exposición fotográfica que el sindico Juan Ortiz Mejía hizo a nombre del presidente. Esta se instaló en el patio del templo de Santiago Apóstol del municipio. En esta exposición se colocaron fotografías recreando aquellos aNos en donde aquel avión construido con la maquina de un motor ford 34 y dos palos de oyamel volara por los aires del oriente y el estado de México. Se colocaron fotos de la ruta de sus vuelos, de sus aterrizajes y recibimientos tanto en Tuxpan como en Zitacuaro y de la gente que siempre lo apoyó, su biografía también fue exhibida así como cartas enviadas por sus familiares para los tuxpenses.
Estuvieron presentes también los Regidores del Ayuntamiento, algunos directores y funcionarios, el Ing.. Arturo Martínez Nateras Expresidente del municipio, y en representación de la familia Zepeda el seNor Octavio Zepeda.
En sus palabras el sindico dijo fue una satisfacción muy grande estar en ese momento recordando a un grande personaje de quien los tuxpense se siente ya que para algunos era un personaje desconocido y que ahora se sabe de sus historias es un emérito Tuxpense.
El Ing. Arturo Martínez hablo un poco sobre la exposición, el material que se reunió y las personas que colaboraron para que se llevará a cabo tal exposición. Por ultimo mencionó que donde no hay historia no hay presente ni futuro, es por tal motivo que se alla recordado a Miguel Carrillo Ayala.
El día seguía su curso y a las 5 de la tarde ya se encontraban reunidos en el palacio municipal los invitados para realizar
Continuando con el programa los invitados se trasladaron al descanso de las escaleras en la parte izquierda del palacio municipal donde se encontraba ya colocada la placa que sería develada. Ay el presidente recorrió las cortinas y entonces los presentes aplaudieron gustosos de esta nueva colocación que honra al pueblo de Tuxpan Michoacán.
Terminando la develaciOn se ofreció un brindis para los invitados para posteriormente reunirse en el Templo de Santiago Apóstol en donde
Para concluir el día se ofreció una cena a los integrantes de la sinfónica e invitados quienes disfrutaron de una charla amena.
“EL PUENTE DE EL MAYORAL” (Leyendas)
Leyendas del siglo XVIII
El 19 de diciembre de 1727, la señora Condesa de Miravalle, entró en posesión de los bienes libres heredados de su madre doña Antonia Francisca de Orozco. Al hacerlo así tomó las disposiciones necesarias para mejorar sus residencias para los días en que buscando el descanso, resolviera venir, ya fuera desde Compostela o México, a pasar en Tuxpan algunas temporadas.
Entre las disposiciones tomadas, dado que con frecuencia se tenía que emplear el Camino Real rumbo a Valladolid, Guadalajara y Compostela, ordenó la construcción de un puente más arriba del que había hecho construir su abuelo el Sr. Capitán D. Manuel de Orozco Tovar cuando los frailes que aliñaron el viejo pueblo, tenían necesidad de aquel puente para dar la ampliación al camino que para carretas y diligencias dispuso el señor virrey de Mendoza.
Este puente de origen romano, con sus arcos y su combada bóveda, fue lo que hasta 1950 fue conocido con el nombre de Puente Viejo, ya muy destruido, colocado en sitio umbroso y sobre la precipitada corriente del río que en riadas atronadoras se estrellaban las aguas del río contra los peñascos negros y lustrosos. Una calzada llevaba desde
Durante la construcción de ese puente tuvieron lugar los hechos que dan forma a la leyenda de El Puente de El Mayorai. Estaban al servicio de
Con el trato común, pues Hernando sin familia alguna vivía en
Así las cosas, Hernando empezó a notar que era objeto de privadas atenciones por parte de
Pensando
Un día en que María le hacía el tocado a su ama a solas en la recámara de ésta, con exquisita prudencia y con sentimientos melosos
—A propósito de la vida, hija, a tu edad me parece que ya es tiempo en que pienses casarte, en formar un hogar. ¿Ya tienes novio?
La sonrojada india, creyéndose descubierta, respetuosa y a la vez amilanada, sobrecogida de improviso, titubeó sin dar respuesta, cosa que era una verdadera confesión para la aguda dama ya tan entendida en amores. Presionó.
—Anda —continuó la celosa mujer. Cuéntame. ¿Qué pasa en tu alma, qué sientes en tu corazón cuando el color sube a tus encantadoras mejillas? No tengas miedo en confiarme las intimidades de tu alma. Tú no tienes madre, yo quiero ser ella para que me confíes tus secretos. ¿Quién es el feliz hombre que te tiene enamorada, que te ha robado ese corazón tan puro, sencillo que irradia perfume de virtud?
—Señora, ama mía.
—Anda, deja de peinarme. Colócate frente a mí, quiero mirar en tu rostro, en el fondo de esos tan bellos ojos la pasión que te tiene rendida. Habla, no te pasará nada. Es más, si de verdad ya has pensado en casarte, aunque lo sentiré mucho que te vayas de mi lado, yo te prometo regalarte el vestido de bodas. Anda, dime, ¿quién es él?
Y al preguntar esto acariciaba la barbilla de María, le alisaba el cabello. Con aquellas caricias se inflamó el corazón de la inocente india, que se perdía en un placer que le dejaba la mano perfumada y suave de su ama y el febril recuerdo ilusionado que hacía palpitar su corazón, pensando en su Hernando. Al fin habló.
—Es Hernando, señora, Hernando su Mayoral.
—Ya me lo figuraba, mi tortolita. Te felicito por tu elección. Es un buen muchacho, se merecen ambos. Ven, acércate, dame un abrazo.
Toda cohibida, María se aproximó a su ama y se arrojó entre los brazos que ella le tendía, descansando su cabeza en el pecho de aquella soberbia mujer, que mojó con lágrimas de felicidad. Pero María lo pudo ver el torvo gesto de la dama, la ira reflejada en sus ojos y en lo apretado de sus labios. María lloraba,
Ya en presencia de ella, con sobresalto y timidez, el Mayoral se dispuso a escuchar a su ama, quien le mandó sentarse frente a ella, hecho inusitado que acabó por hacer temblar sus almas pues bien colegía la mirada sensual con que lo estaba mirando aquella mujer.
—En adelante —empezó ella— pondré a tus órdenes un auxiliar para tu trabajo. Yo necesito tu presencia en casa “día y noche”, sobre todo en la noche, en que bien me hace falta la compañía de un hombre como tú.
—Eso no puede ser, y perdóneme que se lo diga, mi señora ama —dijo Hernando poniéndose de pie—. Mía es la responsabilidad de su hacienda y no quiero dejar en manos ajenas, tal vez irresponsables, el cuidado de sus ganados.
—¡Pues yo lo quiero y lo mando! —gritó descontrolada la fácil iracunda dama, dando un fuerte golpe sobre la mesa de su escritorio.
—Pues en tal caso, perdóneme, renuncio desde este momento a mi trabajo.
—Tampoco lo hagas, o te atienes a las consecuencias.
—¿Qué puedo esperar? No soy esclavo, sirvo en su casa como hombre libre.
—Tú tienes amores con María, en ella me vengaré de tus desdenes haciendo que te odie.
El ser entero del Mayoral se sobresaltó ante este anuncio. Aquella mujer, lo sabía, era capaz de todo. Recapacitando entonces, le dijo:
—Bien. Lo pensaré con calma. Esta misma tarde le resuelvo.
—Lo harás así, porque de otra manera mañana ya será tarde.
—A qué se refiere, señora. .
—Hay una noche de por medio. Yo puedo hacer que María no llegue virgen a tu boda.
—¿Sería capaz de hacerme tanto daño?
—Acepta ahora mismo y te verás libre de congojas.
—Ya vuelvo —dijo Hernando—, saliendo frenético de aquel lugar y maldiciendo en su alma tanta bajeza de aquella mujer tan linajuda.
A esa misma hora fue a verse con el viejo Santiago, a comunicarle el peligro que corría su hija, la amada nieta. Ambos decidieron entrevistarse en Tuxpan con el superior del convento, que lo era entonces Fr. Nicolás Díaz Barriga. De acuerdo los tres, resolvieron rescatar aquella misma tarde a María valiéndose de la autoridad civil, quien cancelé el servicio de la muchacha en la casa condal, una vez que tampoco era esclava y había severas leyes para la protección de los indios.
La rabia de
Han pasado los meses, tantos, que ya estaba a punto de llegar el primer retoño de la simpática pareja.
Inesperadamente vuelve
Era domingo, dentro de los días en que
De pronto aves de mujer hicieron música del silencio; eran
Una racha de viento agitó su amplia falda, ella siguió andando, pero el vestido se había encajado en un clavo saliente, ella se sintió detenida, trastabillando a la vez. Estaba precisamente en medio puente, sintió pavor, quiso apoyarse en un saliente de madera, éste no soporto el peso, se dobló, llevándose con una parte de la armazón de los pasantes a
Un grito de angustia resonó de ambas partes. Hernando que miró el peligro que corría su ama, sin pensarlo se arrojó al agua, aprisionó con un brazo a la aturdida Condesa y nadando corriente abajo, logró salir con ella hacia la orilla.
Todo había sido cuestión de instantes. Un remojón y el susto fueron los daños que sufrió
Otro día, lunes por la tarde, sucedió lo nunca esperado. Llevada por sus sirvientas, la señora Condesa se presentó en el humilde aposento de María. Ahí estaban el Mayoral y Santiago.
—Quiero hablar a solas con ella —dijo.
Los presentes hicieron una caravana y salieron, alejándose hasta la cerca de nopales. Ya solas,
—¿Te asustaste mucho?
—No fue poco, Señora.
—Pero gracias a Dios y a tu esposo nada ocurrió, si no fue la prematura llegada de tu hija.
—Era la hora de Dios.
— ¿Me permites verla?. . . ¡Vaya, si es otra María!
—Eso dicen.
— ¿Me guardas rencor, María?
—Mejor callemos, Señora y ama mía.
—Yo puse los ojos en tu novio y quise hacerles mucho daño.
—El Señor nos ha enseñado a olvidar y a perdonar.
—Eres muy generosa, María. ¿Puedes concederme un gusto?
—La señora dirá.
—Quiero ser la madrina de tu hija, a quien le pondrán Antonio Francisca, como se llamaba mi madre.
Y un suspiró con lágrimas escaparon de aquella alma atormentada. María tomó una de sus manos, la llevó a sus labios, mojándola con su llanto enternecido.
—Hasta el día del bautismo, María, hasta ese día. Yo te haré llegar el roponcito —terminó
—Gracias, Señora. No cabe en mi pecho tanto honor.
—Calla, hija, poco es eso para reparar tanta culpa que llevo en el alma.
Fuera la esperaba Hernando.
— ¿Quieres ayudarme a pasar?
—Vamos, Señora —fue toda la respuesta de Hernando.
Ya en el camino:
— ¿Nada tienes qué decirme?
La callada fue la respuesta.
—Eres todo un hombre, Hernando. ¿Dijiste algo a tu esposa?
—Ella lo adivinó desde antes de casarnos.
— ¿Me guardas rencor?
—Para usted, Señora ama, todo mi respeto.
—Gracias Hernando; y sepulta en tu pecho aquellas mis tristes debilidades.
—Las he sepultado en los ojos de mi María.
— ¿Mucho la amas?
—Menos que a Dios, pero más que a todo el mundo.
—Bendita mujer que el Señor te dio. ¿Sabes que María ha consentido en que yo sea la madrina de esa niña que les ha nacido?
—Los deseos de mi esposa son los míos.
—Gracias, Hernando. Dame tu mano. .. Siento escalofrío y.
—Olvídelo, Señora.
Ya ambos del otro lado.
—Gracias, Hernando, y hasta el día del bautismo. Que sea pronto porque yo tengo que marcharme.
—Cuando usted, Ama, lo disponga.
—El próximo jueves. ¿Está bien?
—Muy bien, si así lo dispone.
—Adiós, Hernando.
—Que Dios la acompañe, Señora.
Y como si la tentación le embargara el alma, volvió rápido a repasar el puente, pero un grito de
— ¡Eh, Mayoral! —Cuando el puente esté terminado llevará el nombre de Puente del Mayoral.
Barranca en Potrero Verde,
“Puente Viejo” “Puente de Santa Catarina” “Puente del Mayoral”
Leyenda
Fue el lo. de septiembre de 1866. Día memorable en la historia de la intervención francesa en el oriente michoacano. En tal fecha, el general Aymard salió de Zitácuaro rumbo a Tuxpan comandando la última columna de gavachos —apodo que en México se dio a los franceses— que abandonaban para siempre las hermosas tierras del Valle de Quensio que significa: “lugar de palomas”.
Dadas las órdenes por el Comando Supremo del Ejército Expedicionario, el Mariscal Lorencez Aymard había tomado el atajo que de Zitácuaro conducía a Jungapeo para evitarse encuentros con tropas republicanas por el camino Real, así, en Purúa cortó por el viejo camino de Calleja para pasar por
La refriega fue dura aunque no sangrienta. En medio de la confusión, por la sorpresa y la inquietud por alejarse de esos lugares, pues había prisa de llegar a Maravatío, donde tendría que unirse a otra columna, el general Aymard ordenó la batida en retirada mediante avanzadas que les cubrían el fuego. De esta manera el pagador del ejército Joseph Gautier, previendo un desastre o una huida que dañara lo que en 36 mulas conducía, o bien pensando avaramente en un mañana, sin consultarlo, hizo cavar un hoyo profundo al pie de una peña, que hoy es conocida con el nombre de Peña de
Los movimientos del ejército republicano, para hacer su gran concentración en la capital del país para celebrar su triunfo, obligaron a los testigos del entierro fabuloso de aquellos dineros a dejar, para un después, el volver a Potrero Verde y hacerse del tesoro, que jamás llegó. Pasaron meses y años, fueron muriendo uno a uno; el último en quedar, ya viejo y achacoso, regresó a Patámbaro sin revelar a nadie su secreto. Un día localizó el lugar, pero impotente para cavar, se concretó en gravar la peña los signos que se observan en el diseño que antecede a este relato. No pudo hacer más, pero en sus postreros días relató a sus hijos aquel hecho del lo. de septiembre de 1866. Camilo Coria, que así se llamaba el antiguo soldado, murió sin lograr disfrutar de aquel dinero. Sus hijos trataron de sacarlo, no dieron con él; otros muchos con los años trataron de hacer lo mismo sin obtener otra cosa que sudor y demasiada fatiga.
Setenta años después de los hechos referidos, vino a México un ciudadano francés trayendo en sus manos el croquis amarillento que situaba el preciso lugar del enterramiento, pero no pudo llegar a Tuxpan por haber sufrido un accidente de tránsito, viéndose obligado a regresar a su patria para encomendar a otro familiar el cuidado de sacar el dinero que el bisabuelo les había dejado en
Y la leyenda de este tesoro sigue en pie hasta hoy día. Hombres y gru. pos de hombres se han presentado en la región, han hurgado con aparatos tratando de detectar el tesoro, sólo un comentario tienen: “Los aparatos marcan la presencia del dinero, pero está el Diablo en posesión de ese tesoro”, y se van.
El dinero sigue allí, dice un vecino del lugar, porque han equivocado el sitio. No falta quién haya consultado con la guija o en el medium espiritista; algún otro ha encomendado la suerte del tesoro a los gurúes y pedido que les sea cambiado el tesoro a sitios más accesibles. Potrero Verde en
Tres cosas evidentes quedan de un hecho histórico:
LAS GRUTAS
La localización de su entrada no se ubica dentro del municipio de Tuxpan, sino en el de Hidalgo, pero existen tres de ellas en el valle: en la cocina de la casa cural, en la casa de la familia Nateras Arteaga y en terrenos libres de la exhacienda de Santa Catarina.
Ya va para un siglo que esta caverna no ha sido transitada. Sus puertas han quedado cubiertas por la construcción, el escombro y el aluvión. Su redescubrimiento originaría una atracción turística incalculable, pues a su misterio leyéndico se aduna el camino discreto y solitario de una dama que gustaba de mostrarse aparecida en los sitios menos esperados. Religiosos del antiguo convento penetraron a esto que la tradición llama “túnel”, gracias a la muestra que de él hicieran ios indígenas que hablaban de prolongaciones muy distantes: Tuxpan a Ziráhuato, Ziráhuato a Zitácuaro, Zitácuatro, a México, leyenda de que se ocupa el Lic. Eduardo Ruiz en su libro “Tradiciones y Leyendas dé Michoacán.”
a) EL CONDADO DE MIRAVALLE
“Don Carlos por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Cecilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mayorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algraves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, Bravante y Milán, Conde de Habsburgo, de Flandes, Tirol y Barcelona, Señor de Vizcaya y de Molina, etc. Por cuanto teniendo atención á la calidad, méritos y servicios que concurren en vos Don Alonso Dávalos Bracamonte, Canciller Mayor del Tribunal de
Es esta la parte inicial del documento expedido por el rey Carlos II de España en la ciudad de Madrid el 18 de diciembre de 1690, para crear el Condado de Miravalle, y no Carlos V ni ningún otro rey. (Texto tomado de “Historia de las Genealogías más antiguas de México”, escrita y recopilada por D. Ricardo Ortega y Pérez Gallardo.)
La dinastía se inició con el matrimonio que hizo D. Alonso Dávalos y Bracamonte con Doña Catalina de Espinosa Montero e Hijar el 18 de enero de 1671 — Libro 9, fojas 91, acta S-n. del Archivo de
Dos documentos que gentilmente fueron enviados al autor por el actual Sr. Conde de Miravalle D. José Luís Pulido residente en la ciudad de Granada, España, tenedor con su esposa doña Carmen del título de referencia, podemos situar la autenticidad de este derecho nobiliario en la persona de nuestra Condesa de Tuxpan:
1. “El veintitrés de Noviembre de mil setecientos cincuenta y ocho.
2. “Copia de Carta que escribí al Rey mi Señor y como se debe pedir. Señor. Por los documentos conque da cuenta a Vuestra Magestad el Virrey de esta Nueva España es constante recaer en mi el Titulo de Conde de Miravalle Por lo que humildemente suplico a Vuestra Magestad se digne conferirme la continuación de honores, y preeminencias, y de mandarme expedir carta de sucesión de Titulo, y Vinculo. Nuestro Señor Guarde
Este D. Justo Dávalos Bracamont fue el hijo primogénito de
b) EL MAYORAZGO
Dos autores nos hablan en particular de esta costumbre de los tiempos modernos del dominio casi universal de España, la entrega del patrimonio familiar al hijo primogénito de la familia llamado Mayorazgo: D. Manuel Romero de Terreros en su libro “Las Antiguas Haciendas de México” y Guillermo Fernández de Reca en la suya intitulada “Mayorazgos de México”. Para reafirmar el conocimiento de este tema en relación con el Condado de Miravalle, hubimos de acudir al Archivo General de
Resumiendo el contenido de toda la información, concretamos: Entre los años de 1551 y 1557 Don Luís de Velasco concedió merced de Tierras a Doña Ana Macías y a D. Juan de Andrade su esposo, en terrenos de lo que hoy es Tlalnepantla. Allí fundaron su Estancia a la que llamaron hacienda de
En 1563 vendieron la propiedad a los esposos D. José Alvarado y Argüello y Doña Teresa Ponce de León. Ellos, a su vez, se deshicieron de la propiedad en 1614. Por sucesivos traspasos la hacienda llegó a las manos de D. Alonso Dávalos de Bracamonte el 27 de agosto de 1692. Este primer Conde de Miravalle ya era dueño de las haciendas de San Juan y San José en Compostela, Nayarit, y de otras dos, San Juan de las Tablas y San Ildefonso en el Estado de México. Poseedores de tan vastos dominios y al nacer su primogénito don Pedro Dávalos Bracamonte Espinosa e Híjar, pensaron en la institución de un Mayorazgo. El tomo 88 de los citados contiene el documento de institución, que nosotros resumimos: “
Don Pedro Alonso, como ya se dijo, hizo matrimonio con la rica heredera de la inmensa propiedad de D. Manuel de Orozco Tovar, padre de Doña Antonia Francisca. De esta manera el segundo Conde de Miravalle heredó dos clases de bienes, los del Mayorazgo y los libres de su esposa. A los bienes del mayorazgo estaba sumada la famosa Vara de alguacil de
En el matrimonio del segundo Conde hubo un primogénito, pero murió “infante”. Entonces llegó María Magdalena Catharina, siendo mujer no tenía derecho a la herencia, pero había una flexibilidad en las leyes nobiliarias para hacer mediar los subterfugios. Ella se llamaba Catharina, mediante un juicio legal se le transfirió el nombre por el de Catalina, que por Real disposición, éste nombre no estaba excluido del derecho de heredad. Fue hecho el movimiento para que la futura Tercera Condesa heredara el mayorazgo, que había sido instituido el 6 de febrero de 1713, cuando la niña tenía 12 años.
Para 1805 el mayorazgo estaba en manos de uno de los nietos de
Por el testamento de
El mayorazgo bien administrado por
La primera parte de este documento enviado de España al Autor, dice lo siguiente:
“Doña Maria Catharina Davalos, condesa de Miravalle en la mejor forma que haya lugar en derecho y. con las protestas legales parezco ante Vuestra Señoría Y digo que a mis derechos conviene que se me dé testimonio de estar en actual, quieta y pacifica posesión del Condado; mayorazgo y De- mas Bienes Libres por en fallecimiento de Don Pedro Davalos Bracamont mi Padre y respecto a que D. Justo Antonio de Arroyo Escribano Real tiene en su protocolo instrumento que califican esta notoriedad se a de servir Vuestra Señoría de mandar me den a continuazion de este escrito el testimonio que pido = A Vuestra Señoría suplico así lo provea y mande pido justicia pues en darme este escrito Les protesto lo necesario Vuestra Señoría entre venga — Mayorazgo y Bienes libres.
Interim: Y por su Señoría Vista la dicha presentada mando vea que en todo por esta parte sean de proveydo el Escribano Real Don Eugenio Francisco Bermudez Pimentel Ysitomague conde de esta H. Corte. Yo Eugenio Francisco Berrnudez Pimentel. Rubricado. Francisco Javier Cerda Morán, Srio. “Rubricado.”